domingo, 2 de enero de 2011

Publicidad. Consumo y persuación.

¿Porqué ver con buenos ojos la autorregulación en el ámbito periodístico y no en la publicidad? Según Casasús la autorregulación de los periodistas en función de la ética y el respeto a su profesión es la clave para la subsistencia frente a la avalancha de fuentes de información simultánea generada por la libertad de creación en Internet. En el caso de la publicidad, según el enfoque del artículo “La publicidad no es para educar” del diario El País, la autorregulación se asume desde otra perspectiva, mucho más alejada del respeto a los valores personales y profesionales que defiende Casasús y más referida a la censura a los mensajes, ya sea por las leyes, las propias instituciones o por terceros. Publicidad y periodismo son dos formas de emisión de información en los medios de comunicación, pero con fines marcadamente diferentes. Es justamente en sus objetivos donde está la diferencia frente a la postura ética, más allá de que actualmente la cumplan o no.
El objeto de la publicidad es persuadir, no educar… yo diría además que es crear nuevas necesidades para fomentar el consumo de nuevos productos o mantener y legitimar a los ya existentes, aunque los propios publicistas dicen que las necesidades existen y ellos lo que intentan incentivar es el deseo. No a corto plazo, pero con el tiempo y la reiteración sí lo consiguen. Hemos llegado a un punto en que el valor añadido es más importante que el producto en sí mismo. La marca, el envase, los valores asociados de estatus o posicionamiento están impuestos socialmente por encima de la calidad real del producto básico. Este no es un fenómeno nuevo, los blind-test o prueba de producto a ciegas son pruebas que desde hace muchos años se realizan para comparar productos similares de diferentes marcas y los resultados muchas veces llegan a sorprender. Sin la influencia de la percepción mediada por la subjetividad, estos test evalúan el producto a secas y muchas veces resultan mejor evaluados los de marcas menos valoradas o conocidas. Aún así, es cierta la frase donde afirman: La imagen del consumidor crédulo, pasivo y desnudo frente a la voracidad publicitaria empieza a parecerse a una caricatura.



Sin dudas la decisión final siempre es del consumidor. Pero ojo con la terminología, siempre se ve al individuo como cliente o consumidor, de cara siempre a la compra de productos o servicios. La génesis de todo está en la naturaleza de la sociedad que hemos construido, basada en el consumo perenne y desmedido, que sobrepasa valores éticos de respeto al medio ambiente, a los recursos naturales y al ser humano en sí mismo. La publicidad es un instrumento para el consumo, para la venta, para el mercado. Ahora mismo no imagino una sociedad libre de publicidad, hay mucho dinero por detrás de esa industria, aunque agradezco las programaciones televisivas libres de ella. Por lo pronto creo que la mejor práctica sería conjugar el objetivo del anuncio, que es vender con la responsabilidad ética del comercio honesto. ¿Será esto posible o es solo una idea utópica?
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