sábado, 25 de diciembre de 2010

Ética de la Información. Floridi y Bustos ¿comparaciones o complementos?

Según los imperativos morales de Kant explicados por Bustos en su artículo, el esquema categorizador de la ética tradicional está orientado a la acción humana, puede aplicarse en contextos de relación humana y social. La triada prototípica que compone este modelo tradicional está compuesta por: Sujeto / Acción / Objeto y se basa en la relación de derechos y deberes morales.

El Sujeto: es entendido como el agente moral humano, el sujeto de responsabilidad moral que realiza la acción.
El Objeto: es el paciente humano o sujeto del resultado de la acción.

El esquema clásico de análisis ético mantiene un nivel lineal y bajo de abstracción, su ventaja es que logra explicar una gran parte de los sucesos de acción humana. El problema aparece cuando actúan otros agentes, pacientes o una ampliación de estos externamente al esquema, entonces (según Floridi) éste no alcanza a explicar las consecuencias éticas de las acciones realizadas. Ese es el caso de la aparición de las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) en las actuales relaciones sociales. Haciéndose necesario una reconsideración radical de los problemas éticos ligados a ellas. Aparece así el dilema para afrontar la ética de las computadoras que no implican seres humanos y por supuesto, tampoco permite afrontar los problemas de la ética de las computadoras de naturaleza lúdica.

Frente a este dilema, Floridi considera los enfoques de otras teorías no tradicionales para explicar la ética de las TIC basándose en los modelos utilizados por la ética medioambiental o ecológica, la ética médica y la bioética. Hace un llamado de atención sobre la ampliación de la naturaleza del agente moral y la acción moral en situaciones donde intervienen las TIC.
Viendo entonces al Sujeto o agente moral como:
  • Objeto no humano (programa o sistema)
  • Sujeto distribuido (conjunto de individuos, mezcla de individuos o artilugios tecnológicos)
Entendiendo la acción moral como:
  • La naturaleza de la acción moral efectuada.
  • La difuminación de los contornos de la acción por su carácter complejo.
  • La atenuación de la percepción de la acción debido a su inmaterialidad o naturaleza anónima.

La complejidad de este análisis se incrementa en casos que no se puede definir claramente el Sujeto de la acción, ya que de este modo no puede adscribírsele una responsabilidad moral. Puede resultar que ni la acción sea localizable o atribuible a un sujeto, ni las consecuencias resulten claras para un conjunto indefinido de pacientes.

La novedad incorporada desde la infoética radica en otorgar valor moral intrínseco al objeto de acción, aunque sea en pequeñas cuantías.

Los modelos éticos alternativos analizados por Floridi ven a los seres vivos como titulares de derechos y deberes morales. Tomando ese concepto como punto de partida de ampliación de la ética clásica y las éticas particulares o microéticas analizadas por los tecnólogos con el modelo recurso-producto-objetivo, propone al ontocentrismo como método de abstracción y descripción de la realidad que incluye a todas las entidades para elaborar una macroética desde las éticas particulares.

Floridi nos presenta a todo lo real como objeto de información e introduce la denominación de Infoesfera como máximo nivel de abstracción que permite el análisis de la infoética. Entendiendo a los agentes no humanos como agentes morales, facilita una mejor adaptación del discurso moral a los contextos no humanos. Plantea cuatro leyes morales básicas de la ética de la información.
  • no debe causarse entropía en la infosfera (ley de omisión);
  • se debe evitar la entropía en la infosfera;
  • se debe eliminar la entropía de la infosfera;
  • se debe promover la prosperidad de las entidades informacionales y de toda la infosfera conservando, cultivando y enriqueciendo sus propiedades.
Según Bustos, la intencionalidad inherente al sujeto moral tradicional, se pierde en el universo moral de la ética de la información. Bustos nos explica que el carácter práctico de la infoética es cuestionable por la existencia de niveles más bajos de abstracción y la escasa posibilidad de su aplicación práctica, además cuestiona esta premisa bajo la cual no es necesaria la búsqueda de un responsable individual cada vez que sucede algo malo dado la posibilidad de admitir que, a veces, la fuente moral del mal o del bien puede encontrarse en algo que no sea ni un individuo ni un grupo de seres humanos.

Después de este recorrido, creo pertinente entender la dimensión macro que presupone la aparición de las TIC en el actuar del hombre. Pero merece la pena aclarar que las TIC son en sí mismas un resultado del ingenio, el estudio y la aplicación tecnológica llevadas a la práctica por humanos. Por tanto considero que toda acción mediada por las TIC tiene componentes de responsabilidad moral humana y si esta afirmación contradice los supuestos de esta reflexión mantengo abierta la posibilidad del debate. Creyendo entonces que sea cual fuese el resultado, han valido la pena los intentos de entendimiento y análisis de los valores éticos en nuestra realidad que como nos aclara Alejandro Volkoff con la competencia y el egoísmo en crecimiento, nuestra sociedad no parece augurar un buen futuro para la mayoría de la población, y ni siquiera para los pocos que, de momento, parecen resultar beneficiados.

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