martes, 14 de diciembre de 2010

Innerarity y aparte

Leyendo a Innerarity entiendo que se ha hecho cotidiana la práctica de la selección de valores para beneficio de causas puntuales, con supuestos fines morales que esconden los intereses de determinados grupos de poder. Se subordinan, o peor aún, se omiten valores elementales y se llega a tergiversar información de manera tal que en nombre de unos valores se llegan a perder otros tan o más importantes que los intencionalmente promovidos. Es evidente que entre quienes lo practican no existe el interés de equilibrar los principios éticos, no existe interés en la mejora humana. El lenguaje moralizante utilizado por los medios para apoyar unas prácticas y condenar otras es, en el mayor de los casos, un maquillaje a fenómenos de la realidad concreta, pasando por alto los verdaderos problemas y las conductas éticas imprescindibles para enfrentarlos.
Teniendo en cuenta que los derechos fundamentales se basan en valores básicos de igualdad, libertad, solidaridad, respeto mutuo y de dignidad de la persona, ¿será posible la práctica de una ética integradora, basada en el diálogo, en el que rijan estos principios? Supongo que para lograrlo han de transformarse muchos estigmas sociales y el camino avizora complejo. Dejarnos llevar por los intereses de grupos de poder que dirigen los medios y disponen de ellos no es el camino. Decía el profesor Agustín la semana pasada en una disertación que los medios no están interesados en el conocimiento ni en la generación de éste… se limitan a informar, entretener y sobre todo a vender. Por tanto, a mi juicio, no se puede fiar de ellos. Hay que saber discernir que información nos es útil y cuál no, teniendo en cuenta que son los propios medios la herramienta clave para la legitimación de opiniones y conductas y que hay toda una cultura de consumo que hará difícil la comprensión clara de los fenómenos.
Siento que en este caso es imprescindible una mirada personal, hacia dentro de nosotros mismos, hacia nuestras prácticas y nuestras concesiones. Motivar esta reflección creo que es el objetivo de Innerarity en su artículo. Su llamado de atención está dirigido a desentrañar una realidad que se está convirtiendo en cultura, en modo de hacer, en práctica cotidiana. Práctica que nos afecta a todos de una u otra forma en lo personal e irremediablemente a la sociedad de manera general.
A continuación muestro un pasaje de la realidad actual que ejemplifica los argumentos antes explicados. Este caso está directamente relacionado con el ámbito educativo. Es un debate a raíz de las excusas dadas por algunas comunidades para justificar el rechazo a la implantación del plan Escuela 2.0 en el transcurso del año 2010. En ningún caso afirmaron que había otra finalidad expresa de los creadores, pero lo sugerían. El principal eje del debate insiste en opacar la medida, en coaccionar, no se centra en las mejoras educativas, en la inclusión, ni en las ventajas didácticas del uso de las TIC.


El plan Escuela 2.0 prevé entregar a cada estudiante un portátil que lo acompañe desde quinto de Primaria hasta el fin de la ESO. En el siguiente enlace están resumidos los objetivos del mismo.
Acá hay una muestra de discurso puesto en función de intereses políticos. Se enmascara la realidad, se desvirtúan los posibles beneficios y se usa la moral para fomentar la duda.
En este otro artículo hay una visión catastrofista del mismo hecho. No da pié a la valoración del lector, todo es supuesto e impuesto, no aporta referencias a datos ni a fuentes verificables.
Acá hay un video en el que se relaciona la herramienta del plan directamente con una enfermedad. http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/15/videos/1260893227.html
Por último está este enunciado donde se contrapone un plan al inicial, que se enfoca como la mejor de las opciones pero si se lee detenidamente está claro que la propuesta no está sustentada en ninguna investigación. Se limita el beneficio a un grupo muy limitado, no especifica cuándo se ampliará, ni en que plazos se llevará a cabo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario