En medio de mis lecturas sobre ética recuerdo muchas veces ejemplos de doble moral en muchos ámbitos. Quiero compartir mi parecer sobre lo que creo responsabilidad global, responsabilidad a nivel social que como tal comienza por las buenas prácticas de cada individuo, siendo a mi juicio, el comportamiento personal la base del accionar de la sociedad. La responsabilidad social y empresarial parte de nosotros mismos.
Todavía no hace 2 meses que llegué a esta ciudad. Una de las cosas que primero me llamó la atención fue ver entre la vajilla de una casa amiga un bol “regalado” por BP por el uso de sus servicios. En varias ocasiones he pasado frente a gasolineras de esta empresa y las he encontrado repletas de coches esperando acceder a sus prestaciones. Después supe que una de las estrategias para mantener la fidelidad de sus clientes es la llamada tarjeta de puntos y que muchísimas personas la utilizan…
Me llama tremendamente la atención la mala memoria de nuestra sociedad, y la falta de sinceridad en cuanto al posicionamiento frente a los daños ocasionados al medioambiente por BP que no obstante se mantiene en la preferencia de muchos. Más allá del escándalo mediático, del lado de acá del océano no parece importar que hace solo unos meses el mal proceder de la empresa causó un tremendo desastre medioambiental. Se habla de especies en peligro, entre peces, mamíferos, reptiles, crustáceos y aves, pero también de futuros cambios en la composición química del agua, en su contenido de oxígeno y su calidad reproductora y de albergue de la vida, por la toxicidad del hidrocarburo y de los disolventes que por millones de litros se arrojaron y que han dañado irremediablemente los bancos de corales y la flora marítima.
CNN publica el 14 de junio de este año un grupo de comentarios de integrantes de la cámara de representantes estadounidense que relata: "Parece que en repetidas ocasiones BP eligió procedimientos arriesgados para reducir costos y ahorrar tiempo e hizo mínimos esfuerzos para evitar el riesgo adicional"
Otros medios afirman que se sabe, además, que el “accidente” no lo es tanto, sino que obedece a una cadena, no de desafortunados acontecimientos como dicen los relacionistas públicos de la Brithish, sino de corruptelas, delitos e irregularidades cometidas durante años.
No encuentro quien proporcione cifras globales de los daños, pero teniendo en cuenta que el Exxon Valdés hace 21 años que derramó 250 000 barriles de crudo y todavía se está estudiando el daño ambiental provocado, queda a nuestra imaginación el alcance de lo ocurrido en el Golfo. Hay algunos que aseguran que es inadecuado comparar este desastre con el ocasionado en Alaska por el Exxon Valdés y recomiendan el escape radiactivo de Chernobil como un marco comparativo más adecuado, por el impacto que tendrá en todo el planeta. Lamentablemente el costo de la calidad del medio ambiente mundial, lo tendremos que asumir todos.
Más allá de la importante exigencia de responsabilidades y castigos para los culpables de la catástrofe, creo absolutamente necesario que valoremos individualmente nuestra conducta ciega y nuestra mala memoria, no basta con criticar si luego continuamos viviendo como si al cerrar la puerta de nuestra casa nada ocurriera. Bien merece replantearnos la manera en que estamos actuando y reconozcamos así el alcance de nuestra responsabilidad personal. Es preciso que veamos la cotidianidad de nuestros actos como un deber cívico y moral. Lo que pasa en el mundo no es cosa de otros, somos parte de éste y como tal debemos actuar.
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